Incertidumbre

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Por mucho tiempo en mi vida he estado a la deriva de la incertidumbre, de no saber qué pasará, qué acontecerá en mi camino y los problemas que llegaré a tener. Así que pensé que si todo se estabilizaba, si todo lo llegaba a controlar, entonces estaría en paz.

Poco tiempo después me di cuenta de que aquel propósito era imposible y, si seguía intentándolo, me quitaría por completo la paz. Porque en la vida existen muy pocas cosas que se pueden controlar.

Por ello la incertidumbre es parte esencial de la vida; el no saber qué va a pasar, qué es lo que la otra persona decidirá, qué situaciones o acontecimientos viviré, tanto buenos como malos, es parte de las sorpresas que tiene la vida.

Una enfermedad, un accidente, una mala decisión de alguien más, un desastre natural, en fin, las cosas externas, las que están fuera de nuestro alcance o dependen de los demás, son las que simplemente no podemos controlar.

Pero hay cosas que sí podemos controlar, que sí depende de nosotros: nuestra formación, nuestra forma de pensar, nuestras decisiones ante cada situación y, creo que lo más importante, nuestra actitud ante la vida. Esta actitud podría definir lo que se esconde detrás de aquella incertidumbre ante la cual contemplamos a diario.

Es verdad que no sabremos qué pasará en nuestra vida en los próximos minutos o años, pero sí podemos tener una actitud positiva, llena de esperanza y entusiasmo.

“Lo mejor está por llegar”, es una frase que suelo tener en mi mente en los momentos de mayor incertidumbre. “Lo mejor está ahí, esperando todavía a ser vivido”.

Heráclito dijo: “el que no espera lo inesperado, no lo encontrará”. Esa frase me ha llevado a forzarme a esperar lo mejor de la vida, lo inesperado, lo que deseo, aunque parezca imposible, aunque parezca una locura. Las sorpresas que da la vida a los que están preparados, a los que esperan lo imposible, son los regalos más extraordinarios que uno puede recibir y es lo que realmente está detrás del velo de la incertidumbre, detrás de ese velo que muchas veces nos atemoriza y nos paraliza.

Por ello, he concluido que la incertidumbre no es mala ni buena, es simplemente una puerta cerrada que espera a desvelar sus más grandes y extraordinarios secretos, si estamos dispuestos y preparados para abrirla.

Hoja en blanco

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¿Cuál es el mayor miedo que tengo en la vida?

Sin duda, enfrentarme a una hoja en blanco. Tener todas las posibilidades por delante y no saber qué camino tomar. Es como si toda una inmensidad, todo un infinito, se enfrentara de lleno a mí, me paralizara y me dejara si aliento, pasmado y sin poder hacer otra cosa que contemplarla, pensando solo en las infinitas posibilidades que pueden resultar tras ser raspada por una pluma.

A veces eso es lo que hace el miedo, paralizar. Es uno de sus frutos, podrido de hecho, porque de ese tipo de parálisis no sale cosa buena.

Porque una hoja en blanco será siempre eso, blanca, virgen, sin rasguño, sin cicatriz, sin historia, sin la belleza que dejan las heridas de la vida. Quedará solo en eso, en la posibilidad de lo que pudo ser pero que por un miedo nunca será.

La vida de un hombre, mi vida, no puede quedar como una hoja en blanco paralizada por el miedo, sin el dolor que produce el rasguño de la pluma al dejar su marca en la hoja.

Y no es hasta que por fin la pluma comienza a moverse cuando nos damos cuenta de la belleza que empieza a existir. La posibilidad, esa idea abstracta e inexistente por fin se materializa en algo concreto, en algo real.

Y, al final, lo que tanto me paralizaba comienza a perder el valor que yo le había dado, se vuelve algo pequeño, casi insignificante, fácil de superar, fácil de hilar. Por eso, he aprendido que para superar ese gran miedo que tengo, no hace falta otra cosa que comenzar a escribir y, lo demás, se irá dando por sí mismo.

¿Cómo funciona la libertad?

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El hombre nace libre y ejerce esta libertad durante su vida. Eso aplica a todos los hombre, incluso a los que nacen y crecen bajo influencia o presiones externas y situaciones no deseadas.

La libertad del hombre es una facultad y es un derecho dado a todos y cada uno de los seres humanos que hemos pisado la Tierra. Y no es algo opcional, lo tenemos y lo ejercemos cada día de nuestras vidas, incluso cuando elegimos no ejercerla porque ello implica una decisión.

Y es que la libertad es eso, la capacidad que tiene el hombre de elegir el bien, elegir lo que es mejor para él y para otros, elegir lo que lo desarrolla y lo hace pleno.

Incluso cuando alguien está encerrado, encarcelado, incapacitado para hacer o decir algo, incluso ahí el hombre es libre de pensar como él quiera, aunque ello implique un grado de dificultad mayor a casos más normales

Pero este ejercicio tiene su costo. Cada vez que elegimos algo, cerramos la puerta a muchísimas otras opciones que no elegimos.

Al inicio de nuestra vida las opciones que tenemos a nuestro alcance son infinitas, pero el hombre no puede tenerlo todo en esta vida. Desde el hecho de que, cuando éramos niños, teníamos que elegir un solo juguete con el cual jugar y los demás se quedaban guardados esperando su turno de hacernos soñar y divertirnos.

Conforme vamos creciendo, las opciones comienzan a hacerse más excluyentes, como cuando tenemos que elegir una carrera en la universidad, solo podemos elegir una (quizá dos para quien realmente tiene la capacidad intelectual de hacerlo) y las demás las veremos pasar de lejos por los cuatro o cinco años que dure esa etapa universitaria. Y, en este caso, ya no podremos tomar las demás opciones después.

Pasa lo mismo al casarnos, cuando elegimos con quién pasar el resto de nuestra vida. Elegimos a una persona y, a las demás, las dejamos fuera de una relación amorosa porque prometemos amar con tal intensidad solo a una persona en este mundo.

Y así pasa con muchas otras cosas.

Pero hoy en día parece que no queremos hacer valer este derecho de elección que tenemos. Veo mucha gente que parece aterrada a tomar decisiones trascendentes en su vida, como es la elección de carrera, un proyecto de vida o incluso el matrimonio. Son los famosos “forever young” de nuestra sociedad, los que quisieran que el tiempo se detuviera en la etapa “puberta” de la vida, donde las consecuencias de los actos nos parecen mucho menos trascendentes y pesadas.

Y es que, más bien, tienen miedo de la consecuencia del ejercicio de la libertad, que es la responsabilidad. Como dice una ley de la física: “por cada acción hay una reacción”. Por cada acto y decisión que tomemos, habrá un efecto, ya sea deseado o no deseado, y el hombre también debe tomar la responsabilidad de lo que ese efecto cause en su vida o en la vida de los demás.

Así funciona el hombre, es algo que así ha sido desde que aparecimos en esta tierra. No es algo nuevo en nuestra especie, aunque mucha gente se sorprenda de ello y se desligue de su responsabilidad por las elecciones tomadas.

El Parteaguas de la historia

La historia de la humanidad se ha visto afectada por grandes personajes, gente carismática o con grandes personalidades capaces de mover y transmitir ideas a sus contemporáneos. Pero, sin duda, la persona que ha hecho el cambio más radical de la historia ha sido Jesús de Nazaret, nacido un día como hoy hace dos mil quince años.

Él trajo y transmitió ideas revolucionarias para su época y causó un movimiento gigantesco que ha tenido consecuencia hasta nuestros días. Toda la cultura occidental, es decir, Europa y América, entre otros países, se basa en las ideas que él transmitió en su vida, ideas de justicia y paz nunca antes expuestas por otra persona. Él propuso cambiar la ley imperante del momento por una ley mucho más grande, una ley que rompe los esquemas impuestos, no sin antes tomar lo existente para construir algo nuevo sobre ello. Y eso nuevo es la plenitud en que el hombre puede vivir su vida: la ley del amor.

A lo largo de la historia, infinidad de personas han seguido estas recomendaciones aplicándolas en su vida, muchos de ellos creando estructuras sociales nuevas como hospitales, universidades, casas de caridad, etc.

En estos días, varios jefes de estado de los países más influyentes en el mundo, destacaron los valores que este señor trajo al mundo, invitando a sus ciudadanos a no olvidar este mensaje, mensaje sobre el cual sus sociedades están edificadas.

Pero a pesar de que este personaje fue el parte aguas de la historia, hoy en día las personas en el mundo no lo reconocen y muchos lo han olvidado, creyéndole un impostor o un mito inventado. Lo impresionante es que, a pesar de esto, sigue siendo el parte aguas en la historia de muchas personas que encuentran la maravilla de su mensaje y lo ponen en práctica, cambiando su vida para siempre.

Decisiones

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“Hubo cinco puntos clave en mi vida”, así comenzó la cena/plática que algunos de mis amigos y yo tuvimos con un empresario mexicano el día de ayer. Nos contó algunas cosas de su vida, tratando de explicarnos a nosotros, jóvenes, lo importante que habían sido estas decisiones que él había tenido que hacer.

Una de ellas fue la decisión de casarse; la otra, que obviamente acompañaba a ésta, era con quién casarse. “Escojan bien –nos dijo–, sobretodo escojan a una mujer no completamente igual a ustedes pero con la que puedan compartir su vida y, en los momentos difíciles, con quien puedan platicar y arreglar las cosas”.

Y eso no solo aplicó para su matrimonio sino también para los negocios. Este empresario lleva treinta años trabajando y haciendo negocios con sus primeros dos socios. Ahora tiene varias empresas exitosas.

Otra idea que ayer mismo me dijo un amigo fue: “La vida está hecha de decisiones”. Nuestra vida es un cúmulo de decisiones que vamos tomando, ya sean buenas o malas. Decisiones que nos van marcando, que nos van encaminando por un sendero determinado.

Hay dos riesgos en la toma de decisiones. Uno es dejarse paralizar por el miedo; el otro es el extremo contrario: ni siquiera reflexionar en lo que se está haciendo.

El miedo paraliza y nos deja inútiles, nadando solo en un océano de sueños, contemplando lo que pudo ser y que, por nuestra falta de decisión, nunca será.

Por el otro lado está la falta de reflexión, la temeridad. Y es aquí cuando se hacen cosas contrarias a la ley natural, a la razón y al sentido común que tenemos los hombres.

Quizá el motor principal de la toma de decisiones en nuestra vida sea la visión que tengamos de nosotros en uno, cinco, diez o veinte años. Preguntarnos: “¿Dónde me veo en cinco años?”, es una buena manera de marcar una visión y, una vez que lo tengamos claro, deberíamos de ir tomando las decisiones para poder llegar ahí.

Una visión en la vida, una meta a conquistar, un sueño a realizar, ese será uno de los motores principales de nuestra vida y lo que nos ayudará a tomar decisiones correctas.