El cimiento de cualquier cosa somos las personas

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Te encuentras frente a la Catedral de la Ciudad de México, la cual está visiblemente inclinada, y te dicen: “tú, y solo tú, eres el encargado de enderezarla”. Un edificio de ese tamaño, de esa antigüedad, patrimonio nacional y reflejo de nuestra historia. ¿Y ahora qué?

Tienes tres opciones: destruirla, resolver el problema de raíz o “tapar el sol con un dedo”.

Destruir se puede hacer de muchas maneras y la más común es actuar sin pensar ni planear ni calcular las consecuencias. “Tapar el sol con un dedo” es la opción más fácil y más común porque es la que la gente floja usa para resolver sus problemas, solo se tiene que crear un espejismo, una cortina de humo y decir que se están realizando los trabajos, pero no hacer nada. Resolver de raíz es la más complicada pero más reconfortante porque, de hecho, es la única que resuelve el problema.

De pequeños todos pensábamos que una casa o un edificio, al igual que un árbol, era solamente lo que se veía, pero conforme fuimos creciendo aprendimos que existen los cimientos y las raíces. Me acuerdo un día haber acompañado a mi papá a ver el inicio de una obra y encontrarme con hoyos en la tierra; le pregunté qué pasaba y me explicó que ahí empezarían las columnas y las paredes de la obra; esa era la parte que sostendría el edificio entero, la parte que no se ve.

Por ello, la analogía de la construcción aplica para cualquier cosa que realizamos en la vida: el arquitecto e ingeniero para construir una casa, el escritor para escribir un libro, el empresario para realizar un proyecto. En cualquiera de estos ejemplos se necesitan cimientos, se necesita una base en la cual la totalidad del proyecto descansará y se apoyará para no derrumbarse.

También, en la edificación de una sociedad, de una patria, se necesitan los cimientos, que en este caso son las personas, somos los mexicanos.

Me da tristeza decirlo, pero es por eso, por nosotros, que el edificio de México (y se podría decir de muchos países de América Latina) se encuentra tan chueco, tan inclinado que amenazan con derrumbarse. Somos esos cimientos que, de alguna manera, con frases y acciones impuestas por un sistema (“el que no tranza, no avanza”, “¿cómo nos arreglamos, joven?”, “con dinero baila el perro”, “no importa que robe, pero que salpique”), nos hemos acostumbrado a lo chueco sin creer en que lo correcto pueda ser la regla y la forma de vida.

Estamos cansados, pero no hacemos nada. Estamos hartos, pero no cambiamos.

Seguimos frente a la catedral con esto en mente. Y ahora, ¿qué hacemos?

Las ideas son la base para crear realidades. Las ideas, estas ideas, han creado nuestra realidad. Cambiemos los cimientos, cambiemos a la gente cambiando las ideas y siendo nosotros mismos coherentes con ellas.

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